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¡Que tu trabajo no sea un desperdicio! (aunque a veces sucede)

Osvaldo Ferreiro

Escrito por Osvaldo Ferreiro Ph.D Wisconsin-Madison, EE.UU.

Renato León

Escrito por Renato León Ph.D Wisconsin-Madison, EE.UU.

Los ingenieros de Toyota identificaron 7 desperdicios. Últimamente se agregó un octavo: desaprovechar el talento de las personas.

Cuenta la historia que en 1950 Toyota era un incipiente negocio automovilístico. Japón había sido diezmado por dos bombas atómicas, lo que significó la destrucción de su industria además de la moral de su población.

En ese momento Eiji Toyoda, director y luego presidente de Toyota Motor Company junto con su equipo directivo realizaron un viaje de estudio por doce semanas por plantas de Estados Unidos. Su propósito era observar el progreso de los sistemas de producción norteamericano en relación a un viaje anterior realizado en 1926.

Grande fue su sorpresa al observar que estos no habían cambiado mucho y que se podía observar una serie de fallas inherentes a sus procesos.

Dos aspectos llamaron particularmente la atención: la gran cantidad de personas y equipos trabajando y realizando movimientos de un lado a otro, y los altos niveles de stock de partes y piezas y productos finales en sus bodegas.

Nadie podía decir que esta gente no estaba trabajando duro para cumplir con los objetivos de la empresa. Sin embargo, para los visitantes lo que vieron significó un aprendizaje sobre las oportunidades que se les presentaba para competir y superar a la industria estadounidense.

¿Agregas valor?

La primera gran lección es que el verdadero trabajo no está solo en lo que se hace, sino en cuánto valor agregas al cliente (interno o externo). A partir de esta idea nace el concepto de “desperdicio” (o muda en japonés)

¿Qué significa lo anterior? Que todo lo que hacemos debe tener valor añadido, de lo contrario es una pérdida de tiempo, de recursos, de productos, etc.

Los técnicos de Toyota clasificaron los desperdicios en 7 categorías: sobreproducción, esperas, transportes o movimientos de materiales, piezas, equipos en forma innecesaria, sobreprocesos o procesar incorrectamente, exceso de inventarios, movimiento innecesario de personas y defectos.

A estos desperdicios en los últimos años se ha agregado un octavo:  no aprovechar el talento de las personas.

Dos ejemplos típicos

Veamos algunos ejemplos típicos en nuestras organizaciones.

Pensemos en una fábrica de partes y piezas que tiene distribuidas sus áreas de trabajo de tal forma que necesita equipos rodantes para trasladar el producto de un proceso que sirve de insumo al siguiente y luego el producto final a la bodega. ¿Cuánto valor le agrega al cliente el trabajo del operador, el uso del equipo, el combustible utilizado, etc.? Cero.

Ahora imaginemos una empresa de servicio que importa equipos del extranjero y que debe procesar una orden de compra de un cliente, para lo cual el documento debe ser firmado por 5 o 6 personas según un orden prestablecido. Firmar significa unos pocos minutos, pero los tiempos de traslado de la orden desde una oficina a otra pueden significar horas, días e incluso semanas. De nuevo hacemos la pregunta ¿Cuánto valor le agrega al cliente todo este trámite? Nuevamente la respuesta es cero.

En tiempos complejos como los actuales (y los que vendrán), donde la competitividad y el alto desempeño son claves para la sostenibilidad de las organizaciones, las mejoras no necesariamente se consiguen con mayor tecnología.

¿Qué hacer?

Resulta fundamental revisar los procesos de manufactura y de servicios para identificar los desperdicios que existen y eliminarlos o reducirlos al mínimo. Cada minuto que ahorremos o cómo aprovechemos mejor nuestros recursos (que por definición son escasos) puede marcar una diferencia apreciable que impacte positivamente en los clientes.

En este aspecto la metodología Lean Six Sigma es un poderoso aliado para mejorar la forma en que hacemos las cosas, generando aumentos significativos en la productividad y en el logro de los objetivos y metas de la organización.

Mira este video sobre los 7 desperdicios:

Ahora les proponemos un desafío: al terminar el día hagan un resumen de todas las actividades que realizaron y analicen cuál de todas ellas realmente agregó valor y cuáles pueden ser considerada desperdicios. Este ejercicio puede ser el punto de partida para generar cambios que sean de beneficio tanto personal como para las organizaciones en las cuales trabajan.

Lee aquí un artículo sobre qué se entiende por calidad.

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