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Gestión de personas y adultos mayores: ¡Una realidad de la cual hay que hacerse cargo!

Maximiliano Hurtado

Escrito por Maximiliano Hurtado M.Sc. UC, Chile

La gestión de personas y los adultos mayores, en épocas de cambios, implica desafíos insoslayables.

En el curso Gestión de Personas de Clase Ejecutiva UC, los alumnos debieron elaborar un blog acerca de alguna temática relevante. La alumna Carolina Montalva fue la ganadora, comparto con ustedes parte de su texto:

“El 4 de julio de 2018, el Gobierno chileno anunció un proyecto de ley de no discriminación al adulto mayor, a propósito de la arbitrariedad que la banca ha ejercido al no otorgar créditos y anular tarjetas bancarias solo por el factor de edad “avanzada”, sin mediar otra variable de mayor objetividad.

Si bien esta noticia cobra una relevancia que hoy parece urgente y corto plazo, es solo la piedra de inicio de una serie de cambios que Chile deberá enfrentar debido al aumento significativo de personas de la tercera edad.

Estamos viviendo una época vertiginosa, con cambios que se producen más rápido que lo que podemos asimilar. La revolución tecnológica, las exigencias sociales y la urgencia de contar con personas dinámicas, con iniciativa y con espíritu innovador deja al costado a un sector más viejo de la población que, curiosamente, cada año crece más y más.

Según la ILO (International Labour Office. Documento de Trabajo N° 56. Envejecimiento y Empleo en América Latina y el Caribe, 2010), el mundo es testigo de un gran cambio demográfico, explicado fundamentalmente por el descenso generalizado de las tasas de fecundidad y la mejora de la salud. La consecuencia ha sido el aumento de la esperanza de vida y con ello, la presencia de personas mayores en la sociedad.

Así, la población chilena ha ido envejeciendo, estimándose que para el año 2020 se espera tener 17,3% de población de tercera edad, y para el 2050 se proyecta un 30,6% de adultos mayores. (Ver artículo aquí).

Desafíos y dificultades

Aunque el aumento de la esperanza de vida de las personas puede ser considerado como un logro en nuestra sociedad, es necesario destacar que este fenómeno demográfico plantea importantes desafíos y también dificultades, tanto económicas, sociales, políticas y culturales.

Según la OIT, las medidas para enfrentar estos cambios y acoger a los adultos mayores se encuentran en el mercado de trabajo y en los sistemas de transferencias sociales, que deben ponerse en marcha de manera integrada y coherente (ILO). He aquí el desafío no solo para el Estado, sino también para las organizaciones, y específicamente, para el diseño de la gestión de personas.

Si bien las compañías líderes en innovación, desarrollo y crecimiento se caracterizan por incluir personas jóvenes que están más alineadas a sus objetivos organizacionales y a sus estrategias, es bastante probable que la tendencia hacia la “juventud” se enfrente en algún momento con la inminente discriminación respecto del sector que es justamente su opuesto: el más viejo y menos vigoroso.

Incluir a personas de la tercera edad en una organización es una decisión que tendrá que ser evaluada con mayor profundidad en el futuro, en virtud de diversos factores que definan esta nueva realidad. Entre estos, la robustez del sistema de protección – jubilación, la decisión de participación en el mundo laboral por parte de los adultos mayores, y su necesidad de seguir activos y satisfechos.

Tres argumentos a favor

Esta inclusión podría en principio, considerarse no deseable, debido a distintas consideraciones objetivas (salud y deterioro cognitivo) y muchas veces subjetivas (menos productivos, menos dinámicos).

Sin embargo, es posible resumir al menos tres argumentos que enfatizan su carácter positivo:

1. Aporte de este grupo etario a la riqueza social.

2. Las razones que justifican la necesidad de realización personal, y la urgencia vital de sentirse útiles y contribuir a la sociedad.

3. Un tercer argumento, más práctico y concreto, subyace en el aumento de la duración del período posretiro, provocado por la extensión de la esperanza de vida.

En este último sentido, si se encuentran los diseños de política pública adecuados, la participación económica serviría para aliviar los problemas financieros del sistema de seguridad social. Aun así, este argumento podría perder peso en aquellos casos en que la actividad laboral se realice en la informalidad o en formas precarias de empleo (Trabajadores de Edad y Jubilados en la Perspectiva de la OIT, Álvaro Orsatti, año 2014).

Las preguntas quedan planteadas: Si queremos una sociedad más justa y equilibrada que busque el desarrollo y la competitividad, y que al mismo tiempo sepa complementar la innovación con la experiencia, ¿cuáles son los planteamientos desde el mundo del trabajo en materia de inclusión de aquellos que están viviendo más tiempo? ¿Qué están haciendo las organizaciones al respecto? ¿Solo apostar por lo nuevo, dejando atrás lo viejo? Acá hay un buen ejemplo, publicado el 03 de julio de 2018. Lee aquí.

Lee aquí un artículo sobre personas e inteligencia artificial.

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