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Minería y otras industrias: Los desafíos de los tiempos

Marcos Lima

Escrito por Marcos Lima Ingeniero civil de industrias UC, Chile

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Avanzar en la disminución de la jornada laboral y mejorar los sistemas de turno son algunos de los temas que deberá enfrentar la minería.

El profesor Mauro Valdés en su columna de la semana pasada (leer aquí) nos advertía del efecto de la cuarta revolución industrial sobre la minería, con nuevas tecnologías digitales, internet de las cosas, equipos autónomos y controlados remotamente, todo lo cual que provocará un tremendo impacto que reducirá el empleo “desde un 20% hasta un 70% de la fuerza laboral directa e indirecta”.

Partiendo de la base que la llamada “licencia social para operar” depende en último término de “la cantidad de empleo local que se genere”, Valdés propone varias opciones de abordar el problema promoviendo el impulso al emprendimiento y la innovación en la cadena de valor de la minería.

Estando de acuerdo en lo principal con el enfoque propuesto, quisiera agregar algunas perspectivas distintas que las empresas mineras deben evaluar y que no solo competen a nuestro sector, pero que si se resuelven adecuadamente le pueden servir al país en su conjunto. Son a no dudarlo, desafíos de los tiempos.

Vida desarraigada en las ciudades mineras

Lo primero dice relación con una nueva forma de abordar la vida en las zonas mineras, transformándose todos, ejecutivos, profesionales y trabajadores en agentes activos en las comunidades cercanas a las faenas mineras.

En efecto, muchas veces y especialmente en la zona norte, existe la costumbre de no participar en ninguna actividad comunitaria: clubes, centros de padres, iniciativas culturales, etc., incluyendo la nociva práctica de venirse a la zona central (donde realmente viven) el día jueves regresando el lunes temprano, si su sistema de turnos se lo permite. Más aún, incluso aquellos que fijan su residencia en esas zonas viven como si se fueran a ir pronto, a pesar que se quedan veinte años, evitando todo arraigo local.

Nuestra recomendación es actúen a la inversa, esto es, vivan como si se quedaran para siempre, aunque se vayan al día siguiente. Así la población local se incrementaría con la participación de todos y, estoy seguro, esas zonas mejorarían su calidad de vida y en vez de perder puestos de trabajo cuando llegue la automatización, habrían aumentado la actividad comunitaria y, quién sabe, generado empresas locales y muchas otras actividades.

Empleo y automatización

El segundo es un dilema que forma parte de nuestra época. Si el trabajo de la personas disminuye por el avance de las máquinas, ¿dejaremos que solo laboren unos pocos y el resto se hunda en la pobreza y la marginación?

Freud decía que el ser humano necesita cariño y trabajo y por consiguiente una sociedad sana es aquella donde sus miembros se sienten apreciados y útiles.

En esta dimensión, la minería puede desde ya abordar el cuidado de sus puestos de trabajo, resolviendo problemas endémicos como el sistema de turnos y la ruptura del ritmo circadiano, que tanto daño hace a la salud de las personas y la calidad de la vida familiar, y también avanzar en la disminución de la jornada laboral, algo que tarde o temprano se implantará en nuestro país.

Quizás las remuneraciones no serán las mismas, pero resulta evidente que los países desarrollados que tienen solo 35 horas de trabajo a la semana, producen mucho más per cápita que los chilenos con nuestras 45 horas de trabajo (+28%).

Reconectar empresas y comunidad

Por último, es indispensable reconectar a la gran empresa, y las mineras los son, con la sociedad poniendo la relación empresa–comunidad al centro de la estrategia de negocio.

Debemos reconocer que el enfoque filantrópico es insuficiente y que el paternalismo es pernicioso. La única manera de preparase para los tiempos es considerar a la comunidad en el centro de las decisiones operacionales y estratégicas, ya que son las decisiones de negocio es lo que genera el principal impacto a la sociedad.

Llegó el momento que cada empresa minera desarrolle una evaluación en profundidad, acerca de cuál ha sido su legado a la comunidad y al país que la sustenta, incluyendo aquello de positivo que ha logrado: retornos, empleo, impuestos, y tantos otros aspectos como también los aspectos negativos que ha tenido su actuar.

Así, mirando al pasado, se preparará adecuadamente para el futuro.

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