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Evaluación de impacto ambiental: ¿Es técnica o política?

Luis Cifuentes

Escrito por Luis Cifuentes Ph.D Carnegie Mellon, EE.UU.

La evaluación de impacto ambiental es técnica pero la decisión es política ¡pero bien hecha!

El 27 de abril pasado el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta (www.1TA.cl ) resolvió revertir el fallo del Comité de Ministros de mayo de 2017 que rechazaba el proyecto minero Dominga, uno de los más controvertidos de los últimos años.

Sin entrar en los aspectos específicos del proyecto (el mismo tribunal calificó el expediente como “extenso y complejo”), me gustaría aportar algunas ideas al proceso de decisión. Es decir, ¿cómo se deben tomar las decisiones respecto de proyectos que tienen impacto ambiental?

Muchos opinan que estas deben ser puramente técnicas y objetivas. Yo no. Creo que es pertinente distinguir entre 1) la evaluación de los impactos ambientales, y 2) las decisiones acerca de las actividades que los originan.

Primero la ciencia y las regulaciones

La primera debe estar basada exclusivamente en la ciencia y las regulaciones que el país se ha impuesto. Cuando existen normas de calidad el problema es más simple: aunque puede ser complejo determinar cómo un proyecto impacta la calidad ambiental, la norma se debe cumplir siempre. Pero cuando no hay normas, el problema es muchísimo más complejo.

Por ejemplo, no hay duda de que la actividad portuaria y naviera de Dominga impacta la Reserva Nacional Pingüinos de Humbolt. Pero, ¿cuáles son las vías por las cuales se produce ese impacto? (contaminación acuática, del aire, posibles accidentes, etc.) ¿Son esos impactos significativos? ¿Qué consecuencias tienen sobre la salud del ecosistema y sobre la coloniade pingüinos?

Esta complejidad se refleja en los largos tiempos de proceso de los EIA. No hay manera de evitarlo, porque las interacciones en el medio ambiente son complejas. Y si se simplifica el análisisse pueden dejar fuera impactos importantes. Aquí la mejor ciencia y técnica son fundamentales.

Otras consideraciones ineludibles

La segunda parte, el proceso de decisión, debe incluir, además de los antecedentes objetivos otras consideraciones: ¿Cuánto le importa a la sociedad la Reserva? ¿Hasta cuanto riesgo está dispuesta a tolerar? ¿Qué beneficios (no solo monetarios) reporta el proyecto a la zona? ¿Al país?

Este proceso es infinitamente más difícil, e imposible de objetivar. Por eso la decisión la toma un ente colegiado que debe balancear antecedentes objetivos y subjetivos.

Perfectamente puede decidir en contra de las recomendaciones técnicas (si no ¿para qué existe?) pero justificando muy cuidadosamente su decisión. De lo contrario esta puede ser calificada de arbitraria y caprichosa. Esto es precisamente lo que el 1TA objetó en su resolución: que la votación de la Comisión de Evaluación Ambiental de marzo de 2017 no estaba debidamente motivada y fundada en sus aspectos técnicos, por lo que el Comité de Ministros mal podía decidir sobre ella.

¿Cómo mejorar el proceso, para que casos como este ocurran lo menos posible? Lo primero es mejorar la capacidad técnica del SEA, para que basado en la mejor ciencia sea capaz de desarrollar los mejores análisis en plazos prudentes.

Pero también se debe aquilatar correctamente las preferencias de la sociedad con respecto a la protección del medio ambiente. La decisión debe conjugar ambos aspectos.Este es un problema de política pública por excelencia.

Esta es una tarea que requiere aprendizaje permanente por parte de las instituciones, porque el conocimiento y las preferencias de la sociedad evolucionan. Hoy no sería posible aprobar algunos proyectos que hace poco tiempo eran aceptables. El desafío es que las decisiones de hoy sean aceptables no solo hoy, sino también en el futuro.

Lee aquí un artículo sobre empresas y medio ambiente. 

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