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Contaminación atmosférica: ¡No da respiro!

Luis Cifuentes

Escrito por Luis Cifuentes Ph.D Carnegie Mellon, EE.UU.

En la zona sur del país, el problema de contaminación atmosférica es aún más compleja que en Santiago.

Estamos en mayo de 2018, y como todos los años comienzan las alertas y preemergencias por contaminación atmósferica en muchas ciudades de Chile. El cielo pasa de azul a gris. ¿Hay alguna posibilidad de que esta situación mejore realmente?

Es la pregunta que muchos se hacen en Santiago. En casi todas las ciudades al sur de Santiago, agobiadas por el humo de leña, la pregunta es más seria: ¿Cuánto empeorará la calidad del aire, antes de mejorar realmente?

Comencemos con el caso de Santiago, que puede servir de ejemplo a otras ciudades. Cierto que llevamos más de 20 años tratando que reducir la contaminación formalmente. El primer plan de descontaminación se dictó en 1997. La última actualización se aprobó el año pasado.

Los instrumentos aplicados son similares, pero hoy son más estrictas. Además, y muy importante, se han incorporado categorías de fuentes no consideradas anteriormente: quema de leña residencial, la maquinaria fuera de ruta (tractores, motoniveladoras, etc.), y establecimientos y crianza de cerdos y aves.

¿Por qué no se habían considerado antes? Por falta de capacidad técnica y porque las otras grandes fuentes enmascaraban su efecto. Este fenómeno es común. Lo mismo ha ocurrido en ciudades de EE.UU. al igual que en Santiago.

Los planes han sido efectivos en contener y reducir la contaminación. Entre 1997 y 2015, la concentración de partículas finas ha disminuido un 43% mientras el PIB ha aumentado un 53% y el parque vehicular más de un 60%. Pero aún no se cumple con la meta, entre otras cosas porque la contaminación se mide en más lugares que antes, y como la norma se debe cumplir en todo lugar, la situación se torna más difícil.

Situación compleja en el sur

La situación en las ciudades al sur de Santiago es más compleja. Ello, debido a la gran contaminación producida por los aparatos a leña, cocinas y estufas. Los niveles de partículas finas son realmente altos. Coyhaique fue la ciudad más contaminada de América en 2015, aunque hoy ha mejorado.

Aquí la ciudadanía tiene una responsabilidad ineludible: son ellos los responsables de reducir las emisiones. No pueden culpar a las industrias. Desgraciadamente, eliminar la leña significa un gran esfuerzo económico, y más complejo aún, un cambio cultural. Los programas de recambio de calefactores impulsado por el Estado han mejorado la situación, pero a un ritmo que es insuficiente. Mientras, cada hogar puede y debe colaborar usando responsablemente su calefactor: usar solo leña seca, y asegurar una correcta operación.

La solución pasa por todos. Cada uno debe asumir su responsabilidad. Cada vez sabemos más de los efectos nocivos de la contaminación en la salud de todos, pero especialmente de los niños y adultos mayores. Por ellos aportemos en lo que podamos. ¿Tienen alguna sugerencia particular?

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