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Organizaciones: ¿Por qué la historia es fría e interesante, y la memoria, ardiente y fascinante?

Darío Rodríguez

Escrito por Darío Rodríguez Ph.D Bielefeld, Alemania

Las organizaciones y su cultura se nutren más de la memoria que de su historia.

El tema de la memoria ha adquirido gran relevancia en las últimas décadas. Se han escrito ensayos, se han construido museos y periódicamente se realizan actos destinados a mantenerla presente.

Pero, ¿en qué consiste la memoria y por qué no nos basta con la historia? La respuesta es que la historia se refiere a personas y eventos sociales ocurridos en el pasado. Y que han quedado registrados en documentos, edificios, monumentos, obras de arte y toda clase de testimonios que permiten garantizar que su relato corresponde a lo acaecido.

Memoria: recuerdos en primera persona

La memoria también elabora una narración sobre personas y eventos sociales del pasado, pero su fuente más importante es el recuerdo, individual y colectivo, de las vivencias experimentadas por quienes fueron parte activa o pasiva de los hechos.

Por eso es tan relevante mantener la memoria, porque parte de ella, acaso la más importante, va permanentemente desapareciendo cuando van muriendo quienes fueron sus actores o testigos.

Emociones, dolores y alegrías, ilusiones y desesperanzas, sueños y nostalgias, se van difuminando en las comunicaciones con que se van transmitiendo de padres a hijos a nietos a bisnietos a descendientes cada vez más lejanos.

Los registros históricos siguen claros e incluso pueden lograr mayor nitidez, mediante el descubrimiento de documentos o restos perdidos que encuentran afanosos historiadores.

Las fotografías familiares, en cambio, se van haciendo cada vez más desvaídas en la memoria de las siempre nuevas generaciones que las reconocen, vinculando a ellas lo que les ha sido contado por sus antecesores directos que, a su vez, lo escucharon de los suyos.

La historia es fría e interesante, la memoria es ardiente y fascinante.

La vida de las organizaciones

La cultura de las organizaciones se nutre mucho más de la memoria que de la historia.

La fecha de fundación, los hitos importantes, las fotografías y galvanos que dan testimonio de los logros de una organización a lo largo de los años reflejan su historia, en las paredes de las salas de reuniones del directorio y oficinas de los más altos ejecutivos y autoridades.

Las anécdotas, comentarios y recuerdos de los trabajadores más antiguos se van constantemente renovando con las nuevas experiencias de los más jóvenes que las interpretan con ayuda de los viejos que les dicen que siempre ha sido así, porque esa es la característica de la organización.

“Nada nuevo hay bajo el sol”, dice el Eclesiastés, y la cultura organizacional lo confirma día a día en las conversaciones y rumores que le dan vida y vigencia, otorgando una identidad única a cada una de las organizaciones por las que pasamos.

Lee aquí un artículo sobre los defectos y bondades de la organización burocrática.

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