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Economía colaborativa: ¿Cómo se protegen los derechos de los trabajadores en Holanda y Australia?

Cristián Saieh

Escrito por Cristián Saieh MBA ICADE, España

economia colaborativa

Seguridad versus flexibilidad es uno de los aspectos de que se hace cargo la regulación en la economía colaborativa.

Durante nuestras últimas publicaciones en este medio (links al final de este artículo), hemos analizado cómo la generación de la economía colaborativa —en que personas o empresas vinculan clientes y proveedores de productos y servicios subutilizados— ha presentado enormes desafíos. Especialmente para que legisladores y autoridades tomen un rol activo en la actualización de normas, en materias de tributación, libre competencia, derechos de los consumidores y regulación laboral.

En ese sentido, la regulación laboral es clave, no solo para una adecuada protección a los derechos de trabajadores, sino que también para un buen servicio a usuarios. Veamos algunas experiencias comparadas.

Holanda

En Holanda, se estima que un 35% de las personas tiene un trabajo flexible, con tres cuartas partes de este porcentaje optando por variaciones en el horario de comienzo o de finalización del trabajo.

Otros eligen semanas laborales de 4 días o trabajar desde sus hogares. Interesante es observar que la frecuencia con que hombres y mujeres trabajan de forma flexible es similar.

En el año 2015, este país aprobó la “Acton Work and Security”, en virtud de la cual se establecieron protecciones a los trabajadores de modalidad flexible en casos de despido, entre otros asuntos, y se reguló el máximo de duración de los contratos.

Además, los trabajadores tienen derecho a pedir cambios de horarios, así como a reducir o extender sus jornadas, lo que los empleadores solo podrán rechazar si consideran, por razón justificada, que el cambio podría influir en la calidad del trabajo.

Australia

A inicios de los años 90, Australia emprendió una serie de reformas de liberalización de normas laborales que permitió, entre otros, mayor flexibilidad para el inicio y término de la jornada laboral.

Actualmente, los “National Employment Standards” determinan una serie de mínimos que protegen al trabajador, que pueden ser modificados por causa razonable y con acuerdo entre trabajador y empleador.

Por su parte, la jornada laboral australiana es de 38 horas semanales, pudiendo adaptar su distribución para tener algún día libre adicional. Otros elementos interesantes son el teletrabajo (a distancia) y la jornada continua (anticipar la hora de salida, eliminando la hora de almuerzo).

Un necesario equilibrio

La flexibilidad laboral permite al trabajador más facilidades para conciliar vida profesional y personal. Mientras tanto, a las organizaciones les permite generar contrataciones adaptadas a sus necesidades reales y facilitar la retención de sus trabajadores talentosos.

Sin perjuicio de ello, estas fórmulas contienen el peligro de precarizar la situación del trabajador, siendo necesaria una regulación especial que aborde adecuadamente las remuneraciones, jornadas, seguridad y cotizaciones laborales, de modo de no dejar al trabajador en una situación de incertidumbre. De hecho, el gran pendiente de la legislación holandesa se encuentra en la protección de los sueldos de los trabajadores flexibles cuando han utilizado licencias médicas.

Como vemos, el desafío es considerable. ¿Cómo podríamos avanzar en la elaboración de leyes que permitan compatibilizar estos principios, atendida también la idiosincrasia chilena?

Revisa aquí una publicación de Great Place to Work sobre los beneficios de la flexibilidad laboral.

Esta columna contó con la colaboración de Marcelo Marzouka, coordinador de investigación del Programa de Negociación UC.

Lee aquí un artículo sobre oponerse o regular la economía de la colaboración. Y acá, otro sobre sus desafíos pendientes.

 

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