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La minería del cobre enfrenta una encrucijada: ¿cuáles son sus dilemas y desafíos? Tema del Curso: Emprendimiento en la Minería

mineria del cobre

Durante esta semana (julio 2017), se publicaron en Economía y Negocios de El Mercurio tres noticias muy alentadoras para la minería del cobre y las industrias que se mueven a su alrededor:

1. El repunte significativo en la exploración minera durante este año frente a las menguadas cifras reflejadas en 2016, mostrando un cambio en las expectativas del sector.

2. El aumento puntual que experimentó el precio del cobre al iniciar la semana de un 1,84% (5 centavos), gatillado según los especialistas en un mayor crecimiento de China, el mayor consumidor por lejos a nivel global.

3. La aprobación por parte de la Comisión de Evaluación Ambiental de Antofagasta (CEA) de la ampliación de la mina Spence de BHP por US$ 2.500 millones de inversión, uno de los grandes proyectos que estaba en etapa de tramitación de sus permisos.

A pesar de estas auspiciosas señales, es conveniente advertir que la minería no está en condiciones de volver a transformarse en la locomotora que arrastre al país hacia niveles de crecimiento como los provocados tanto en la década de los 90 —donde se logró pasar de producir cerca de 1, 8 millones de toneladas (1990-91) a más de 4,5 millones a fines de ese período— como en el peak del superciclo de precios con su “inflación” de proyectos mineros, los que en su conjunto bordearon los US$ 100 billones.

Lo mismo podemos esperar en relación a su impacto en la inversión extranjera donde la minería llegó a ser el destino de más de la mitad de todos los capitales que ingresaban a Chile.

En este contexto quisiera plantear un dilema que el sector minero debe resolver si quiere seguir siendo una actividad económica atractiva para inversionistas, profesionales y trabajadores, no solo cuando los precios suben y todos se vuelcan a tratar de agarrar un “pedazo de la torta”.

De la euforia al pesimismo

Me refiero a la extraordinaria variabilidad del comportamiento del sector, pasando de la euforia total al pesimismo más extremo.

Frenar la exploración minera de la forma en que se hizo a partir de 2012-13 y retomarlo recién ahora no es una buena política, más aún cuando el valor de una empresa está dado en parte significativa por la magnitud de sus reservas y recursos mineros.

Ello no es nada frente a lo ocurrido con la disminución de los proyectos en ejecución que cayeron al 10-15% desde su mayor nivel y la farra en bonos y regalías que terminaron con el “guatazo” de la huelga en Escondida que costó a la empresa la módica suma de US$ 740 millones.

¿Nadie piensa que el precio se recupera algún día y quién tenga cobre para vender aprovechará la parte alta del ciclo, y que requiere de un larguísimo proceso tenerlo disponible?, ¿no se considera que ceder a las presiones sindicales cuando sobra la plata es comprarse un problema futuro?, ¿nadie aplica políticas de largo plazo, la misma en períodos de bonanza o de escasez?

En cuanto a desafíos, en estas columnas —del profesor Mauro Valdés y mías,  sobre productividad, innovación, barreras culturales  y baja en las inversiones— hemos planteado varios. Como vemos tareas sobran….lo importante es ponerse en marcha y no parar hasta haberlas hecho.

Este artículo fue uno de los más leídos en claseejecutiva.emol.com durante 2017. ¡En marzo sumaremos nuevos contenidos de los Diplomados de Clase Ejecutiva UC!

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